Clara Janés ingresa en la RAE con un discurso sobre el Cantar de los cantares

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La poeta y traductora Clara Janés (Barcelona, 1940) ha tomado hoy posesión de su plaza (silla «U») en la Real Academia Española (RAE) con un discurso titulado Una estrella de puntas infinitas. En torno a Salomón y el “Cantar de los cantares”. En nombre de la corporación, le ha dado la bienvenida Soledad Puértolas.

El acto ha estado presidido por el ministro de Educación, Cultura y Deporte en funciones, Íñigo Méndez de Vigo.

Tal como marca la tradición académica, Clara Janés ha entrado hoy en el salón de actos acompañada por los dos miembros de número que la han precedido en su ingreso en la RAE: Manuel Gutiérrez Aragón y Félix de Azúa.

Janés fue elegida académica de número el 7 de mayo de 2015 para ocupar la vacante dejada por el jurista Eduardo García de Enterría, fallecido en septiembre de 2013, una «eminencia en el derecho administrativo, reconocido universalmente, [además] de autor de ensayos sobre literatura», tal y como ha señalado la nueva académica.

Janés ha recordado al inicio de su intervención el discurso de ingreso de García de Enterría, pronunciado el 24 de octubre de 1994: La lengua de los derechos. La formación del Derecho Público europeo tras la Revolución Francesa. «En sus páginas profundiza —ha indicado Janés— acerca del lugar que la así llamada “libertad” va ocupando a medida que la historia evoluciona y, con claridad de visión, destaca la influencia que tuvieron las doctrinas de Locke tanto en Rousseau como en las Revoluciones americanas y francesa y, sobre todo, en la Declaración de Derechos de 1789».
SENSIBILIDAD POÉTICA

«Salomón —ha comenzado su discurso Clara Janés— escribió, siempre según la leyenda, el Cantar de los cantares, la cual ha generado deslumbrantes destellos y despertado tales ecos (sea a través de la imagen, de las traducciones, de las imitaciones o simbolismos) que han acabado por convertirse en semillas fecundas».

«¿Cómo una obra cuya traducción exacta es casi imposible puede convertirse en una versión y estudio apasionantes (fray Luis), en una égloga (Arias Montano) o ser el germen de una de las mayores creaciones literarias existentes, el Cántico espiritual de san Juan de la Cruz?», se ha preguntado la poeta catalana, quien ha reconocido que su «vinculación con la escritura empezó precisamente debido al Cántico espiritual, a la lectura y explicación —diría majestuosa— que de él hizo José Manuel Blecua [padre del exdirector de la RAE] —a quien tanto debo— cuando llegué a la Universidad de Barcelona. Él, con su ritmo pausado, me desveló mi sensibilidad poética, a la vez que el origen salomónico del poema de san Juan».

Los versos del Cantar y el mismo personaje de Salomón, ha proseguido Clara Janés, «cruzaron tiempo y espacio con extraordinario vigor. ¿A qué se debe ese vigor respecto a la obra lírica? No cabe duda: algunas de sus palabras y conceptos eran tan fuertes que saltaron por encima de las dificultades de traducción y quien los recibía no quedaba impasible». La nueva académica ha continuado esbozando el trayecto que siguió el Cantar de los cantares desde su origen como epitalamio hasta llegar a los místicos y hebraístas españoles, «un trayecto —o interpretación— complejo y huidizo».
CÁNTICO ESPIRITUAL

Tras repasar la vía oriental, Janés se ha situado en el Renacimiento y en España, destacando tres hombres de fe y letras: Arias Montano, fray Luis de León y san Juan de la Cruz, al que se suma pronto una mujer también de la fe y entregada a la escritura: santa Teresa de Jesús. «Arias Montano es el primero que se lanza a verter el Cantar del hebreo al romance, pero lo hace convirtiéndolo, según la moda de la época, en una égloga pastoril. En 1554 ya lo ha concluido y llevado a Salamanca. […] Fray Luis hará la traducción y primer comentario de la obra de Salomón en 1561. […] Más tarde, en 1578 escribe san Juan las treinta y una primera estrofas del Cántico espiritual. […] Cinco años después de la traducción en prosa y comentario del agustino, santa Teresa escribe sus Meditaciones sobre los Cantares».

El objetivo de Arias Montano era fundamentalmente literario, ha explicado Janés. Y el propósito de fray Luis de León, en cambio, era bien distinto: traducir del hebreo «palabra por palabra». Por su parte, santa Teresa «no se enfrenta a la obra de Salomón como texto, sino a la expresión metafórica de algo que ha vivido, y lo hace parcialmente. Su escrito es una comunicación íntima».

Si fray Luis pretendía trasladar el epitalamio salomónico a la letra, «san Juan lo ha incorporado, ha aceptado en su interior el verdadero enigma que encierra: el amor, un amor que da vida […]. El Cantar de Salomón es la obra de la que más cerca se siente». La nueva académica ha concluido preguntándose qué singulariza la obra de san Juan de la Cruz y qué la hace tan excepcional: «Para empezar, la musicalidad de sus liras. […] Pero eso es solamente el esqueleto donde se monta un cuerpo de gran riqueza de imágenes, que casi podríamos calificar de surrealistas, en las que se superponen planos simbólicos, de modo que no se hacen fácilmente descifrables. El enorme atractivo del Cántico espiritual reside en ello: presenta un enigma. […] La trama de Juan de la Cruz es una poesía fonética, en una poesía de imagen simbólica, montada sobre un ritmo que no se pierde ni un instante».
AIRE POÉTICO

La escritora Soledad Puértolas ha sido la encargada de dar la bienvenida, en nombre de la corporación, a la nueva académica. «Al abrir hoy las puertas de esta casa a Clara Janés, la Academia nos viene a recordar el valor de la poesía, esa misteriosa dama encargada de dar aliento y luz a la aridez de la vida y de dotarla de contrastes, complejidad y hondura, y que nos hace un extraordinario regalo, la intuición de la trascendencia».

El aire poético de los versos de Janés y de los versos que otros escribieron y que ella ha hecho suyos, ha añadido Puértolas, parece rodearla siempre. «Clara Janés escribe poesía, traduce poesía, habla sobre otros poetas y escritores en ese tono inconfundible de quienes buscan una verdad, […] esa verdad que se vislumbra, efímera, fugitiva, pero intensa y profunda».

Soledad Puértolas, antes de terminar, ha querido recordar «la necesidad de la escritora de ampliar su mundo, de traspasar límites, de beber en fuentes situadas en lejanos y misteriosos parajes, que la ha llevado a efectuar una labor de difusión literaria de incalculable valor».

 

Noticia publicada en rae.es el 12 de junio de 2016

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