CORTINA DE HUMO

vapor

 

Mar Martín

A propósito de banderas, a tres o 9 bandas, recuerdo el capital evadido en paraísos fiscales por aquellos que hoy se enfundan en unas y otras de esas telas bicolor. Recuerdo las amnistías fiscales para aquellos que se les llena la boca con la palabra España mientras sus condiscípulos vaciaban los bolsillos de los españoles. Recuerdo cientos de millones de dinero público robado por aquellos que hoy se encienden en un lado y en el otro del ring ante la mirada estupefacta de sus damnificados.

Es, como poco sospechosa, esta pelea burguesa. Esta pelea de partidos, mayoritariamente de derechas, por las mismas cuestiones económicas de siempre, y como siempre escondidas tras las máscaras del patriotismo español o catalán.

La izquierda es internacionalista, porque los problemas, necesidades y anhelos de los trabajadores del mundo son los mismos en todas partes. El nacionalismo es de derecha se ponga como se quiera poner la CUP. No obstante el derecho a decidir y a ser escuchado dentro de un marco legal (que es posible como lo han afirmado eminentes constitucionalistas) es un derecho indiscutible.

La coreografía del triste espectáculo diseñada por el tancredista Rajoy y el oportunista Puigdemon ha logrado los aplausos que pretendían, por una y otra parte, insensatos los dos, después de todo lo ocurrido, se sienten victoriosos. Pero el atrezzo y el decorado ya forman parte del gran incendio provocado por estos pirómanos que ahora se creen bomberos.

Porque bombero pirómano hay que ser para enviar a las fuerzas del orden público a evitar un referéndum ya declarado ilegal, cuando existen procedimientos sancionares propios de las democracias avanzadas en lugar de pelotas de goma, más próximos a regímenes totalitarios del pasado.

No obstante, lo auténticamente destacable de estos desbordantes acontecimientos es la ceguera congénita de Don Tancredo y de todos aquellos que no quieren reconocer el clamor popular e histórico de Cataluña por ser reconocida como nación y escuchada su consulta de independencia.

Ya sea este clamor instigado por la burguesía catalana, o por argumentos socioeconómicos y de identidad, lo cierto es que a estas alturas ya no se puede mirar hacia otra parte. No pueden seguir callándoles la boca a golpe de talonarios con dinero del resto de los españoles, ni vale decir que se habla catalán en privado como afirmaba Aznar para contentarlos. Esto sólo tiene un camino y éste es el del consenso y el diálogo en el que todos tendrán que perder un poco para ganar.

Y si la solución pasa por cambiar la constitución, que se inicie el proceso de reforma. Ya tenemos antecedentes o ¿no recordamos la reforma del art 135 hecha con nocturnidad y alevosía por Zapatero con el apoyo del PP para imponer las medidas de austeridad que nos han llevado a las mayores cotas de pobreza para algunos y de riqueza para otros de la historia de la democracia española?

La Constitución de 1978 ha envejecido y es necesaria adaptarla a estos tiempos y de paso corregir los errores que se cometieron en su día como consecuencia de las presiones ejercidas por las fuerzas del franquismo sentadas en la mesa de negociación.

La concepción del Estado de las Autonomías merece una relectura y una oportunidad la propuesta de un Estado Federal pasando, si es necesario, por un referéndum legal y con garantías.

Hay que empezar a construir desde la tolerancia y el diálogo y apartar tanto ruido, imaginando que, igual, lo pretendido haya sido siempre que el ruido nos impidiese escuchar que las familias numerosas adineradas tendrán acceso al bono social eléctrico y no las de ingresos reducidos sin hijos; que los ricos han ahorrado 1.000 millones en impuestos en 5 años gracias a sus SICAV; que la Audiencia Nacional rechazó un careo entre Rajoy y Bárcenas; que se le prende fuego a las dependencias de los juzgados de Valencia donde se custodiaban los expedientes de corrupción del PP; que el Banco de España dio por perdidos 42.590 millones de euros de dinero público que el Estado aportó para rescatar a la banca; que cada día mueren 100 dependientes sin recibir prestaciones y servicios a los que tenían derecho o que los médicos de atención primaria reciben listados de los enfermos a los que tienen que quitar los tratamientos.

Ésta es la realidad ocultada entre tanto ruido. Entre el ruido de los garrotazos de los patriotas que siguen discutiendo tras la espesa cortina de humo que ellos mismos han creado.