NO VUELVAS ODISEO

odiseo

 

Mar Martín

“No vuelvas, Odiseo” es un poema en prosa sobre la soledad, el despecho y el amor.

Su autor, Antonio Jiménez, como en su anterior obra “Medea murió en Corinto” vuelve a recrear el mundo clásico para reivindicar, una vez más, la injusticia que pesa sobre la mujer.

Así, esta prosa poética cuya belleza sonora la hace exquisita e inolvidable aborda la soledad de Penélope, apartada del mundo y presa en su casa, en el gineceo; el despecho, el enfado y la resignación de tantas mujeres abandonadas por sus maridos entregados a “causas mayores” y el amor nunca comprendido por los hombres y que Penélope descubre en el otoño de su vida.

“No vuelvas, Odiseo” es un canto feminista en el que a través de los pensamientos y, sobre todo, los sentimientos de Penélope se va desgranando la epopeya de Homero. Es la historia de Ulises narrada desde el corazón de una mujer, de Penélope, reina de Ítaca, abnegada y resignada, como todas las mujeres de su tiempo y de todos los tiempos a ser esclava de un destino que no ha elegido.

En el comienzo de la obra, el autor, hace ya una sincera declaración de intenciones al reproducir un poema de Safo y recordarnos que en el año 1073 todas las copias de los versos de esta poeta griega fueron quemadas en Roma y Constantinopla por orden de la Iglesia Católica. Safo escribió en el s. VII antes de nuestra era:

Selene se ha ido, seguida de las Pléyades.

Ya es más de media noche; Las horas fluyen.

Yo estoy sola y velo. Eros sacude mis entrañas

Como un viento abatiéndose  en el monte sobre las encinas (…)”

Y Antonio Jiménez también nos regala un poema de Claribel Alegría, poeta nicaragüense del siglo XX que expresó:

“Cuatro muros me encierran, y animales domésticos, y niños.

No importas tú. Vivo un mundo que tampoco me importa.  Otra vez interrumpes.

Voy a estallar (…)”

Estos versos de soledad y desesperación son los versos que han acompañado siempre a la mujer, siempre a la mujer de todos los tiempos y por ello el autor los destaca y pone en boca de Penélope los que, sin duda, ella hubiera escrito:

“¡Ten cuidado, Odiseo! Ya soy una extraña para ti. Veinte años entre cuatro paredes, rehén de tu recuerdo y de tu honra, viviendo una vida que no me pertenece, me han convertido en una mujer desconocida”.

Pero las historias que cuentan los poetas, como expresa el autor “rara vez hacen justicia a las mujeres griegas; ellas paren la patria, la amamantan y la mantienen viva mientras los hombres se ocupan de sus guerras. (…) ¿Qué sería de Grecia sin la entereza de sus mujeres? Grecia está sustentada sobre el tesón de sus mujeres. Son las mujeres la patria verdadera (…)”

Y al hablar de la mujer griega, Antonio Jiménez, habla de todas las mujeres. Aunque detalle la situación de ausencia de libertad y sumisión al marido, en concreto de la mujer de clase alta del mundo clásico, es extrapolable a la falta de libertad y sumisión de todas las mujeres a lo largo de la historia. Como la renuncia a una vida propia y no a la que esperaban los demás, la renuncia a ser quien se desea ser y no a cumplir las expectativas de otros, la renuncia, en definitiva, a ser feliz.

“Odio a mi madre que me pario mujer” piensa Penélope y nos cuenta como su padre Icario la convirtió en el trofeo de sus locas apuestas: “Ahí tenéis a mi hija Penélope, hermosa y virgen, sumisa y educada (…). Aquel que logre vencerme en la carrera de carros, tendrá derecho a desgarrarle el himen; aquel que me derrote en la carrera, podrá usar el vientre de mi hija para engendrar su descendencia”.

Pero, “No vuelvas, Odiseo” no es sólo un grito desgarrado de desesperación,  es también un canto al amor sensual y desinteresado. Un canto a la esperanza y una propuesta valiente de una mujer que, cansada de una vida impuesta y de esperar, decide dejar de hacerlo advirtiendo: “Ten cuidado, Odiseo, un hombre que se queda a vivir en la leyenda puede vencer a lestrigones toscos y violentos, pero perderá la batalla que libra el corazón de su familia contra el despecho y el olvido que provoca su ausencia insoportable y duradera”.

“No vuelvas, Odiseo” nos embriaga de cultura clásica, de belleza y de pensamientos profundos a los que ya nos tiene acostumbrados su autor.