Días feos

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El dinero pequeño, el dinero honrado, languidece en las cuentas corrientes o en los planes de pensiones de los ahorradores ingenuos

Juan José Millás

El dinero huye de España, aunque también se fuga sin salir, mutándose en otra moneda, convirtiéndose en oro, plata, inmuebles. No hay nada más proteico que el dinero, el dinero grande, queremos decir, el que cuesta un ático como el de Ignacio González en Marbella, o una boda, en El Escorial, como la de la hija de Aznar, a la que acabamos de ver, junto a su marido, en el yate de Al Capone, con banda sonora de El Bigotes. Todo muy edificante. A veces, guardamos el dinero en cajas de zapatos, cual gusano de seda, a la espera de que se transforme en una mariposa, o en un BMW. No importa de qué hablemos (fútbol, sexo, filosofía, educación, sanidad, política), hablamos siempre de dinero. De las posibilidades del dinero grande: el de los corruptos, los banqueros, los traficantes de personas o drogas, los especuladores financieros. El dinero pequeño, el dinero honrado, languidece en las cuentas corrientes o en los planes de pensiones de los ahorradores ingenuos. El dinero pequeño solo se transforma en calderilla. Desaparece, como el neandertal, porque el dinero sapiens es un hijo de perra.

¿De qué hablamos, por ejemplo, cuando hablamos de tener o no tener hijos? De dinero. Ya no hay conversaciones sobre la paternidad, ni siquiera sobre la paternidad responsable. Todas, con independencia de su cáscara, versan sobre el dinero. Si en las guerras los vivos envidian a los muertos, en el neoliberalismo los nacidos envidian a los no nacidos. Y los que mueren, al atravesar la puerta de salida, lamentan haber hecho este viaje en el que el hombre resultó ser un lobo para el hombre. Vienen días feos para esta especie, ya están aquí, quizá nunca se marcharon. ¿Por qué entonces esa resistencia a legalizar el suicidio asistido?

Artículo publicado en El País el 4 de Marzo de 2016

Enlace al artículo:

http://elpais.com/elpais/2016/03/03/opinion/1457022813_262165.html